jueves, 31 de marzo de 2016

CARBONO NEUTRO



“Carbono Neutro” es el nombre de la muestra que los Muher presentan en el antiguo convento de San Antonio hasta el próximo día 3 de abril. Ya de entrada, un título así te sorprende, como también sorprende –al menos a mí- esta sala de exposiciones. Confieso –y en esta iglesia, por cierto, confesé y comulgué muchos primeros viernes de mes-, que al conocer el título inmediatamente pensé en ozono, atmósfera, ecologismo… y no iba desencaminado. Finalmente se trata de un homenaje al militantismo ecológico y a la defensa del patrimonio climático. Hasta aquí todo muy bien e incluso la puesta en escena de la exposición magnífica, llena de efectos especiales de luz, color y sonido. Pero la pintura precisamente es un arte que necesita de poco montaje, de poco espectáculo en torno; más bien necesita del silencio, de la soledad, de un espacio en donde la luz y el ambiente no la molesten ni la perturben, porque en una pintura el mundo empieza a partir de su superficie y hacia adentro, hacia su interior, quedando todo lo exterior como un sobrante necesario -y secundario-, de su existencia. Cuando uno mira un cuadro solo necesita del cuadro, es más, solo interesa lo pintado, lo recreado en él. Lo demás es mera circunstancia, las más de las veces contraria o a contra-estilo del propio cuadro.

La muestra está compuesta por media docena de obras pictóricas y otros tantos hologramas -o similares- con el tema de las medusas. Al final, quitando este juego estético tridimensional, la exposición en sí se sustenta con esa media docena de obras: una gran mariposa colocada en la zona central de la iglesia –antiguo altar- y otros cinco cuadros con tema alusivo a la naturaleza. Pero cuando uno intenta mirar las obras directa y limpiamente, saltándose el montaje, simplemente por no estar interesado en esa otra faceta tan espectacular como decorativa, pues se da cuenta de que no es posible, de que los cuadros –ya de por sí sobredimensionados de color- están iluminados con focos de color, con conos de luz, parcialmente. Una pena, la verdad, porque de esta forma se priva al espectador más exigente de poder enfrentarse en un cara a cara con las obras sin que exista desventaja alguna entre la mirada y lo mirado.





En cualquier caso –y salvando los inconvenientes lumínicos y de montaje-, las obras nos resultan muy poco naturales, muy alejadas del fin que pretenden. Esa insistencia por re-contonear los temas con pinceladas subidas de tono, no hace sino intensificar aún más la falta de sustancia natural en beneficio de una luminosa artificialidad. Una palmera, un árbol o una playa, lo son no por su apariencia o por su histrionismo, sino por su esencia, por su individualidad y por su alma, características éstas que no hemos visto en las obras expuestas. Al menos allí dentro. Habrá que verlas a plena luz del día, nunca mejor dicho.



jueves, 24 de marzo de 2016

EL EQUILIBRIO DE LA PINTURA

El artista Antonio H. López


El pasado día 16 de marzo tuvo lugar en el hall de la sala alta del Palacio Almudí una efímera manifestación de arte/no arte a cargo del  maestro Antonio H. López. Su obra/no obra se titulaba: "El equilibrio de la pintura". Con ella Antonio H. López pretendía recuperar el viejo concepto de "Si te he visto no me acuerdo" y todo ello, a su vez contextualizado en un ambiente de negación absoluta: negación del arte, negación del artista, negación del espacio, del tiempo, de la misma obra, de la historia... En el fondo –y en la forma- con esta muestra  el maestro Antonio pretendía reivindicar un nuevo espacio que no sea nuevo, que tenga de entonces lo justo, para que tampoco tenga demasiado de ahora. Con ese ejercicio de equilibrismo tempo-conceptual se trataba, igualmente, de hacer como si tal cosa, como si todo –obra, vida y pensamiento- dependiese del ojo que lo ve, de la cartera del espectador/diletante más avispado que lo pretende y del político cultural más sensible que lo avala.


El equilibrio de la pintura



La obra/no obra, solo pudo ser presenciada/no presenciada por un reducido y exquisito grupo de aficionados. Desde aquí queremos dar las gracias a las instituciones por haber propiciado y consentido semejante acción/reacción.



El artista posando ante su obra/no obra

jueves, 17 de marzo de 2016

CUADERNOS DE TAPA NEGRA



  
CUADERNOS DE TAPA NEGRA
(DIBUJOS Y COLLAGES DE ALEJANDRO FRANCO)
(Sala alta del Palacio Almudí)

Hace aproximadamente un par de años tuve la oportunidad de poder acudir al estudio de Alejandro Franco para hacerle unas fotografías en su ambiente de trabajo. Hablando con él y para poder ilustrar alguna cuestión que me planteaba, me enseñó unos tomos con tapas negras en los que aparecían dibujos del natural, collages, anotaciones… Ni qué decir tiene que todo lo que allí vi me llamó muchísimo la atención, pero, sobre todo, me pareció que contrastaba enormemente con la obra más conocida de este pintor. Ahí estaba precisamente todo ese mundo que sustentaba su pintura, delante de mis ojos y entre mis manos, encerrado en aquellos catorce tomos con tapas negras, tomos que uno a uno estuvimos ojeando detenidamente durante varios días.
Formalmente se trata de catorce libros encuadernados con tapas negras y numerados del 0 al 13. La fecha más antigua es de julio de 1999, mientras que la más moderna es de hace tan solo una semana, pero, aunque esta idea de reunir los dibujos en cuadernos comenzara aquel año, desde siempre Alejandro Franco ha realizado este tipo de apuntes y anotaciones; es más, los ha simultaneado con todas sus épocas y estilos, haciendo con ello que se trate –creemos- de su obra más constante, más perdurable en el tiempo, la más suya si cabe. Ante estos cuadernos de apuntes nos surge una pregunta: ¿y no estaremos, pues, ante su obra más libre, más espontánea y natural?
Los cuadernos están numerados y muchos de los dibujos fechados, lo que de entrada nos está indicando que por parte de su autor existe una necesidad de reflejar ordenadamente el paso del tiempo y, por ende, de una forma premeditada o no, se está realizando una verdadera autobiografía. Claro, existen muchas formas de contar –tantas como historias-, pero en el caso de Alejandro Franco su forma más directa es a través de su mirada y sus dibujos. Él dice que se trata de su obra fuera de casa, fuera del estudio, pero el simple hecho de que se haga en unos cuadernos ya implica intimidad, que no se realiza para nadie ni con un fin concreto, sino para sí mismo, para satisfacer una necesidad propia. Y como en cualquier autobiografía, en esta también se encuentra reflejado su mundo, su vida cotidiana: las mañanas en la playa durante el tiempo de verano, los conciertos en los que intervienen sus hijos, los postres, las reuniones de amigos, los ingresos hospitalarios de familiares, las juntas escolares, los exámenes… Viendo que una y otra vez los temas se repiten, uno diría que se trata de obsesiones y algo de esto tienen, pero sabemos que no es solo eso, no es solo el tema lo que determina finalmente la existencia de una obra. Cuando Alejandro Franco decide dibujar a su hijo recién operado o al director de la orquesta a punto de comenzar su trabajo, lo que verdaderamente nos está expresando es su propio sentimiento ante ese acontecimiento, es su forma de decirnos –o decirse- aquí estoy, participando de esto, viviendo ese instante irrepetible y fugaz.

Esta colección de “instantes”, que comenzaba con el simple objetivo de reunir y ordenar aquellos apuntes que hacía habitualmente, con el paso del tiempo ha ido adquiriendo consistencia de obra, de gran obra. Poco a poco, instante a instante, aparece todo un cuerpo que no solo va reclamando su sitio, sino también su alimento. Así, junto a los dibujos, también aparecen collages y anotaciones diversas, referencias visuales de formas, texturas, volúmenes; se trata de señalar todo aquello que le llama la atención: unas migajas de pan sobre la mesa, las cabezas de los bañistas en la playa o de los asistentes a una junta académica, el anagrama de una compañía aérea o las hojas podadas de una palmera, pero no se trata tanto del suceso en sí, como de sus claves internas; más que los mismos objetos, o sucesos, le interesan los espacios, las distancias, los ritmos visuales -diría que el compás de la realidad, su música interna-. Y claro, en el fondo con estos cuadernos de tapa negra Alejandro Franco no está pintado otra cosa que no sea su propio autorretrato, el de verdad, el más definitivo y eterno.


domingo, 13 de marzo de 2016

¿PINTURA O PANFLETO?



Resulta curioso analizar la obra y la vida del pintor Juan Genovés, del cual estos días puede verse en la sala de Las Claras (Fundación Cajamurcia) su exposición “Multitudes”: Emerge cuando la situación política y social del país adquiere tensión y desaparece cuando no es así. Se hizo muy popular en la época final del franquismo con una pintura comprometida políticamente con los movimientos antifranquistas; según fue avanzando la sociedad española en cotas de democracia y libertad –unido a un desarrollo económico y a la apertura hacia Europa-, su obra fue dejando de tener presencia pública y finalmente, con la nueva situación política surgida desde la llegada de la crisis económica y, sobre todo, desde sus funestas consecuencias, resucita de nuevo su figura a través del lienzo “El abrazo”, expuesto desde hace unos meses en el Congreso de los Diputados y convertido en el fondo iconográfico  de la mayoría de intervenciones públicas de los actuales líderes políticos. O sea, que más que una obra pictórica, estamos ante un símbolo político, vamos, ante un panfleto. Y esto no creo que sea discutible, porque nada más hay que leer los textos escritos con motivo de la exposición o escuchar sus mismas declaraciones realizadas en diversas entrevistas y reportajes, para comprobar la importancia del compromiso político de su pintura por encima de su misma factura. Y si analizamos su obra en las distintas fases temporales –sala sótano y sala alta de la exposición, respectivamente-, la verdadera preocupación artística de este pintor a lo largo del tiempo no ha sido otra más que el papel del hombre en la sociedad, sobre todo como elemento del grupo, como componente de un todo superior, como “pincelada” suelta del gran “óleo” que representa el momento histórico que le ha tocado vivir, como insignificancia individual frente a su papel en la masa anónima que lo define.






Pero después de todo esto, claro, viene el análisis pictórico de su obra, un análisis que debe ir más allá del tema escogido o de su propio compromiso político y es en este punto en donde el espectador más exigente se queda sin respuesta, vacío. Genovés articula su gran obra como respuesta inmediata a las necesidades sociales y, por supuesto, se nutre fundamentalmente de los medios de comunicación impresa y audiovisual como fuente de inspiración temática e icónica. A poco que nos fijemos, nos daremos cuenta de que todo es una simple repetición de la misma idea, solo que adornada de vez en cuando –no siempre- con descubrimientos estéticos, pero en ningún momento encontramos la más mínima pincelada que trascienda pictóricamente lo que se cuenta. O sea, hay literatura –aunque se trate de una literatura reiterativa- y hay estética, pero no hay obra y no hay obra, evidentemente, porque no estaba en el planteamiento inicial del propio autor: se trata solo de “gritar” y de “concienciar”, pero no se trata de existir, no se trata de ser; se trata de vocear y de vender un pensamiento, no de crear una realidad auto suficiente, un cuerpo vivo y palpitante.




jueves, 10 de marzo de 2016

LA PASIÓN POR EL COLOR


Desde el pasado lunes que se inauguró, puede verse en la sala de exposiciones del Colegio de Arquitectos de Murcia la exposición fotográfica titulada "Colores de la Pasión II"; se trata de una colectiva en la que se dan cita 17 fotógrafos, a razón de tres imágenes por autor. Claro, en una exposición tan amplia, con tantos puntos de vista, hay de todo, aunque de entrada es de justicia reconocer el alto grado de calidad técnica y documental de la muestra.
Está claro, por el mismo título, que se trataba de una exposición "a color", aunque es algo que no termina de entenderse por cuanto que una manifestación tan popular y barroca como son las procesiones de Semana Santa, creemos que en blanco y negro habría aportado otra visión del acontecimiento. Bueno, doctores tiene la iglesia..


Fotografía de Joaquín Zamora.

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Fotografiar la Semana Santa no es nada fácil, aunque lo parezca. Hay que defenderse, no solo de los manidos tópicos, sino también de los propios prejuicios, de ahí que aunque me hayan interesado técnicamente varios de los trabajos, personalmente me quede con uno, con las fotos presentadas por Ricardo López Rubio. No solo se ha sujetado al tema, sino que ha introducido uno nuevo, un punto de vista bastante desconocido como es la concentración en lo que se hace y se vive, uno de los factores más desaparecidos de esta manifestación religiosa. La foto del monaguillo concentrado entre los humos del incienso, es una maravilla, hasta en color.


Serie de fotos presentadas por Ricardo López Rubio.

miércoles, 9 de marzo de 2016

VARIACIONES SOBRE EL PAISAJE


Hasta el próximo día 13 de marzo puede ser visitada, en la sala alta del Palacio Almudí, la exposición del pintor Carlos Pardo Gómez, y conviene recalcar sus dos apellidos porque por ambas líneas recibirá el pintor la influencia artística –Hijo del escultor Pedro Pardo y sobrino nieto del pintor Antonio Gómez Cano-.
La muestra se titula: “Variaciones sobre el paisaje” y se compone de una serie de óleos sobre lienzo de gran formato en los que el tema es el paisaje, aunque también podamos contemplar en la primera sala tres desnudos femeninos medio fundidos al paisaje o medio tapados por el mismo, unos cuadros que desde nuestro punto de vista aportan poco a la muestra y, en cambio, distorsionan el sentido último de la misma, que no es otro más que el de unas variaciones sobre el mismo tema. En este sentido creo haber oído al propio pintor defender estos tres cuadros como ejemplo de esas variaciones y, sobre todo, como exponente de la libertad en la que se sumerge cuando se encuentra en pleno proceso de creación. Una pena, porque crear tampoco puede consistir en aceptar el propio desbordamiento, siendo, más bien, casi un acto de obediencia y de control; como él mismo decía en esa entrevista, de saber terminar a tiempo.


Pero más allá de estas anécdotas, la exposición sorprende. Y esto es así, no solo porque de nuevo entra uno en un espacio en donde el olor a óleo y a aceites es protagonista, sino también porque vuelve uno a encontrarse con la medio olvidada y titánica empresa de producir pintura sin trampa ni cartón, al descubierto, intentando dar la cara y el alma. Claro, que hoy en día alguien plante unos cuadros temáticos y no se preocupe de tener que buscar un texto que los respalde –por no decir que los explique-, es ya todo un acierto que conviene señalar y valorar.

Y hablando de valorar, uno valora en esta muestra la exquisitez del color en algunos óleos –unos colores terrosos y unas gamas cromáticas que tanto nos recuerdan a los espléndidos paisajes de Antonio Gómez Cano-, como también valora la pasión puesta, la sensualidad buscada o la vibración de la pincelada. Esto es lo que más nos ha gustado. ¿Lo que menos? Seguramente la fórmula empleada, la obsesión por el estilo, la idea preconcebida para su construcción. Al tener esos tamaños, la pincelada adquiere un protagonismo en sí misma como sujeto del cuadro, no como lenguaje, que es lo que debería ser. Y tan grande es a veces, tanto protagonismo llega a tener, que algunos paisajes terminan siendo verdaderas abstracciones. Pero, ¿es abstracto un paisaje en sí mismo, o simplemente es un problema de distancias, de perspectivas? Ahí es donde creemos que más flojean estos cuadros, en las distancias, en sus límites. Es verdad que un paisaje funciona en cuanto se le introduzca un horizonte, pero no se trata de eso –pensamos-, sino más bien de hacer “real” cualquier centímetro de la tela, con horizonte o sin él. En cualquier caso, una exposición para pensar y para disfrutar.


lunes, 29 de febrero de 2016

SOBRE LA CRÍTICA

La entrada anterior sobre la exposición "Objetivo igualdad" parece ser que no ha gustado demasiado. Bueno, si simplemente no hubiese gustado, no sería ningún problema, pero evidentemente ha causado cierto disgusto y algo de rechazo y, sobre todo, bastante incomprensión con una opinión personal sobre el sentido de la exposición. Incluso personas cercanas a mi -la misma María Manzanera, amiga desde tiempos inmemoriales-, han reaccionado molestas y sorprendidas por mis palabras en la misma. Ni que decir tengo que no está en mi ánimo el polemizar y, mucho menos, el molestar a nadie, por lo que si ha sido así, de entrada pido disculpas.
María me recriminaba no tener un título que me acredite como crítico y es verdad, solo que para criticar no creo que se deba tener ningún título acreditativo, aunque claro, se deban tener conocimientos del tema, experiencia, formación... Soy licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Murcia,  he ejercido la crítica de arte durante varios años en varios medios provinciales y nacionales, pero lo que considero que más me avala no es otra cosa más que mi pasión por el arte desde que tengo uso de razón. ¿Qué más hay que tener para poder opinar sobre arte?
Para poder opinar -digo-, no para pontificar, juzgar o sentenciar. Y ahí está la clave de lo que uno piensa sobre la crítica de arte: que no debe ser otra cosa nada más que una opinión sincera y desinteresada de lo que se expone. Para lo contrario ya están los críticos oficiales, esos de título y contrato por parte de alguna línea editorial. Mis críticas son mis opiniones, mejor o peor expresadas o explicadas, pero no cabe ninguna duda de que lo que digo es lo que pienso y solo lo que pienso. Eso sí, jamás diré nada personal o descalificador de la persona, porque nunca juzgo una obra con prejuicios personales, sea en un sentido o en el otro.
Por otra parte, cuando uno decide hacer públicas sus opiniones sabe perfectamente que éstas pueden ser aceptadas o no por parte de quienes las lean, pero ese es el riesgo y ese el compromiso; para decir "cuánto se ha pintado y fotografiado y todo qué bonito" no hace falta la crítica, solo la hoja parroquial de cualquier diario provincial.
¿Y por qué -de repente-, abro un espacio virtual dedicado a la crítica de arte? ¿cuál es mi interés? Pues decidí abrirlo porque como he dicho antes me apasiona el arte, me parece algo fundamental, necesario para la sociedad y, sin embargo, cada día veo menos arte y más tergiversación, más manipulación y como sigo creyendo en los inmortales valores del arte, pues me dedico a buscarlos, nada más y nada menos. ¿Y mi interés? Ninguno, bueno, solo que me leas y me comprendas. Lo mejor que tiene la libertad de expresión es que no implica obligación de nada ni de nadie.