Dieciséis fotógrafas acaban de inaugurar una muestra en el Centro Social de la Universidad de Murcia (Campus de Espinardo) titulada “En el umbral. El instante en que todo comienza”.
Participan Aíta Salinas, Ana Bernal, Ceci Vellio Romera, Erika López Cano, Gia Antonella Chávez Parada, Gloria Nicolás, Inma G. Pardo, Julieta Varela, Magdalena García Fernández, María José Cárceles, María José Puche, Marian Calero, Pepa González, Pilar Morales, Teresa Arnal y Teresa Martín.
De entrada, me gustaría comentar que el texto que nos recibe y que, al parecer, presenta la muestra como un preámbulo, resulta un tanto desconcertante: nos habla de lo obvio, pero en modo alguno explica por qué se ha organizado esta exposición y, mucho menos, por qué se han seleccionado estas imágenes y estas autoras, en femenino. Que la vida exige valentía, que supone emprender caminos y vencer dificultades —como decíamos—, es una obviedad; pero pensamos que no justifica por sí mismo la exposición, como tampoco la exclusiva selección de participantes mujeres. Es más, para intentar entender el mensaje, uno termina recurriendo inevitablemente a otra obviedad: seguramente se refieren a la valentía de la mujer para dar el paso e integrarse plenamente en ese mundo tan masculinizado que nos envuelve. Supongo que debe de ser por eso. No lo sé.
Si se trataba de buscar una excusa para reunirlas y animarlas a seguir «dando el paso», pues que se reúnan cuantas veces quieran: para eso hemos conseguido entre todos saber lo que es la libertad —o acaso la semilibertad—. Pero, si se trataba de presentar la exposición en sí, es decir, de dar un contexto común a los significantes y significados de todas esas imágenes, confesamos que hemos salido como entramos: en blanco. O, mejor dicho, en negro, pues salimos con el mismo vacío de la llegada, pero ahora sin la luz de la esperanza con la que uno entró. Aunque, ahora que lo pienso, quizá hayamos salido en gris, ya que, al menos, nos iluminó ligeramente el destello de la sorpresa con la magnífica fotografía “Sonoridad y empoderamiento”, presentada por María José Cárceles.
Personalmente, también nos gustaron las fotografías de Aita Salinas y Ana Bernal, unas imágenes con una temática “autosuficiente”, es decir, que no necesitaban de un contexto mayor para tener su propio principio y fin. Las demás nos interesaron menos, precisamente por tratarse de miradas sin un “horizonte” que las sitúe, lo que no quiere decir que carezcan de interés o de calidad. Lógicamente, nuestro juicio se basa en nuestra propia concepción del sentido último de la imagen, que consideramos ante todo documental, pero, en nada, estético o conceptual.
En resumen, opinamos que estamos ante una muestra bastante deslavazada, sin un hilo conductor claro, ni un motivo temático que la justifique. Y, por supuesto, nos resistimos a pensar que su presentación pública se fundamente en una injustificada y obsoleta reivindicación femenina, pues eso acabaría convirtiéndola en una nueva «manifestación machista», claro, si es que entendemos ese término como la expresión más elocuente en la actualidad para calificar cualquier exclusividad de género.
Juan Ballester


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