“Taza de luz y cesto con flores”. Obra de Cristino de Vera expuesta en el Museo Gaya.
La verdad es que, últimamente (bueno, en realidad desde que llegara el director actual), el Museo Ramón Gaya anda bastante dinámico y variado en su marcha como institución cultural pública. Junto a una mayor programación de actos de diversa índole, también habría que añadir el acertado acondicionamiento estético de sus salas o la reconversión de alguna de ellas, como, por ejemplo, la dedicada recientemente a la faceta de escritor del titular del museo; sumemos a esto la aparición de una nueva y muy necesaria señalética, haciéndose referencia a sus distintos periodos, tanto vitales como artísticos; la original utilización de las tres salas delanteras para mostrar la obra de Gaya (o la de sus amigos) a través de distintas exposiciones, reunidas más por una temática que por su fecha de creación; la continua visita temporal al museo de pinturas inéditas del titular, provenientes, en su mayoría, de colecciones privadas… Aunque ya puestos con esta serie de mejoras, a ver si más pronto que tarde se adecúa también la iluminación de las obras, pues no es concebible, a estas alturas, que puedas encontrarte con algunas parcialmente iluminadas, como sucede en varias salas del museo.
Sin embargo, en esta última andadura (tan positiva como necesaria), por desgracia también se están produciendo ciertas anomalías, abriéndose las puertas del museo a un tipo de obras que nada tienen que ver con la de Gaya, como tampoco con su especial posicionamiento vital e intelectual ante el hecho creativo, características ambas que, como todos sabemos, constituyen la propia base de esta institución cultural según consta negro sobre blanco dentro de sus propios estatutos fundacionales.
Actualmente, en la sala de exposiciones temporales de la planta baja puede contemplarse una muestra titulada “El taller del eremita”, del pintor Cristino de Vera. Esta muestra parece ser la contrapartida de otra con pinturas y dibujos de Ramón Gaya inaugurada recientemente en el museo dedicado a la obra del artista tinerfeño y ubicado en Santa Cruz de Tenerife. Muestras ambas que vendrían a ser algo así como el fructífero resultado de una serie de interacciones o intercambios entre diferentes museos unipersonales de nuestro país, consiguiéndose, de esta forma, que las obras puedan viajar y ser vistas en otros lugares.
Dinamismo cultural, amplitud de miras y eclecticismo militante, diálogos estéticos, relatos compartidos, universalización de las obras… Claro, visto así, analizado el intercambio de estas pinturas como una forma más de divulgación cultural dentro de un contexto general, en principio todo pareciera muy positivo e interesante, pero, ay, mucho nos tememos que, a nivel de filosofía y sentido de este singular museo de nuestra ciudad, se siguen sin tener muy claros sus fines y, sobre todo, su sentido último. Es verdad que las pinturas de Gaya viajan a Canarias, pero, ¿a qué precio? ¿O es que, con tal de que se expongan fuera, nos da lo mismo a nosotros exponer cualquier tipo de arte? ¿Acaso la respetable obra de Cristino de Vera, tiene algo que ver con la de Gaya? Evidentemente, no podemos justificarlas como similares hablando únicamente de temáticas compartidas, de estéticas del silencio o de poéticas al viento, es decir, de esa literatura impostada con la que en la actualidad se justifica hasta el mismo vacío. Evidentemente estamos hablando del sentido pictórico de la realidad y, desde luego, ambas obras resultan como el día y la noche para quien quiera (y pueda) verlas sin prejuicio o interés personal alguno.
No. Pensamos que trabajar con el legado cedido por Ramón Gaya a nuestra ciudad y para intentar que se comprenda realmente su significado, no se trata simplemente de llenar las salas del museo, ni de entretener a niños o mayores; no se trata de intercambios sin condición alguna, como tampoco puede tratarse del ¡¡cuánto se ha pintado y todo qué bonito!!, más propio de aplicados historiadores y grises gestores culturales ¿Para qué entonces su obra, su solitaria y sacrificada vida o sus escritos? Con Gaya se trata de la búsqueda de la autenticidad, de la verdad y de la vida en las obras de creación, ya sea en los museos más famosos del mundo, en los unipersonales del país o en las mismas “cavernas” en las que, actualmente, parecen haber vuelto a cobijarse los creadores más auténticos. Con Ramón Gaya no se trata del conocimiento, como tampoco del entendimiento; se trata del sentimiento, de la comprensión y, claro, de una fe.
Precisamente, una de las frases escritas por Ramón Gaya, con la que se ha querido ilustrar su pensamiento en la nueva sala dedicada a su faceta literaria, dice lo siguiente: “Seamos siempre en arte lo que en arte queremos y podemos. Cada día, pues, más exigencia, rigor y claridad con nosotros como artistas y con todo aquello que como artistas se nos relacione. Que podamos responder y siempre, de toda nuestra conducta artística; sepamos con seguridad y firmeza por qué y en dónde estamos; que nada, esto o aquello, debilite en nosotros obra, conciencia o destino.”
… Pues eso, que cada día más exigencia, rigor y claridad.
Juan Ballester




